sábado, 6 de agosto de 2016

El mar lejano



La fuente aleja su cantata.
Despiertan todos los caminos...
Mar de la aurora, mar de plata,
¡qué limpio estás entre los pinos!

Viento del Sur, ¿vienes sonoro
de soles? Ciegan los caminos...
Mar de la siesta, mar de oro,
¡qué alegre estás sobre los pinos!

Dice el verdón no sé qué cosa... 
Mi alma se va por los caminos... 
Mar de la tarde, mar de rosa, 
¡qué dulce estás entre los pinos!

Juan Ramón Jiménez
 


martes, 26 de julio de 2016

Julio

John Phillip, R.A: Aguadora de Sevilla
 
Calle del Betis. Triana. 
El corazón del estío 
penetra el escalofrío 
de la fuente charlatana. 

La Velada de Santa Ana 
llena de música el río. 
Con los ojos de Rocío 
se ilumina la ventana. 

De envidia, al verla, una estrella, 
en las alturas sin fin, 
estremecida rutila. 

Y se apaga cuando ella 
sale envuelta en el jardín 
de su mantón de Manila.

Manuel Machado
 

Manuel García Rodríguez: Patio sevillano  

sábado, 2 de julio de 2016

Noche de verano



Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada. 
Yo en este viejo pueblo paseando 
solo, como un fantasma. 

Antonio Machado. 
 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Poeta



Cuando cojo este libro,
súbitamente se me pone limpio
el corazón, lo mismo
que un pomo cristalino.

-Me da luz en mi espíritu,
luz pasada por mirtos vespertinos,
sin ver yo sol alguno...

¡Qué rico me lo siento! Como un niño
que no ha gastado nada de su vivo
tesoro, y aun lo espera todo de sus lirios
-la muerte es siempre para los vecinos-,
todo lo que es sol: gloria, 
aurora, amor, domingo.

Juan Ramón Jiménez

domingo, 10 de abril de 2016

Recuerdo



Yo renuncié a la florida
 locura de aquel amor.
¡Mas no renuncié al dolor
de esta herida!
Señor: llévate la miel
de mi ardor de juventud:
mas la flor de esta inquietud
no te la lleves con él:
que aquel infinito ardor
de mi pasión encendida
fue mi primera medida
de tu grandeza. Señor.
Señor: estuve tan loco 
del amor… que de un modo blando 
será mejor ir curando 
el corazón, poco a poco. 
No se hace el halcón airado, 
Señor, tan pronto paloma… 
de esta rosa que te he dado 
deja que quede el aroma 
de un recuerdo deshojado.

José María Pemán